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Martes 20 de Mayo de 2008
Foros virtuales: Hacia una democracia de ciudadania
Comentario al Debate sobre Gobernabilidad Política para el cambio por el prestigioso sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón
El tema de este foro se refiere a la capacidad de las democracias  políticas de extender los principios que conforman el régimen político a otras esferas de la sociedad. Es decir., que la sociedad sea democrática no sólo en la esfera política, sino en las formas de convivencia, en el ámbito económico, en la esfera cultural .

Ello supone transformaciones estructurales muy profundas, entre las principales de las cuales está la redistribución del poder y la riqueza. Y en democracia las transformaciones no se hacen por la vía de la toma del poder de un grupo que impone un proyecto, sino a través de mayorías políticas.

De ahí la pregunta central sobre cómo ser construyen esas mayorías, en el entendido que es muy poco probable que haya un solo sector político que pueda ser mayoritario en forma relativamente estable o que exprese las diversidades propias a un proyecto de transformación. En el caso de América latina hay tres problemas al respecto que surgen de la discusión.

En primer lugar, en general, y salvo excepciones, los partidos políticos son débiles tanto en su estructura, cobertura y proyectos políticos. En muchos países no hay ningún partido serio y en otros no logra constituirse un sistema de partidos que cubra todo el espectro ideológico, más allá que pueda haber algún partido aislado fuerte. La cuestión no es pensar en alternativas a los partidos porque éstos juegan un papel irremplazable, de modo que pese a todas las críticas que puedan hacérseles hoy día, no hay futuro democrático sin partidos individuales y sistemas de partidos fuertes. Su construcción exige una institucionalidad que asegure al menos: a) financiamiento público destinado no sólo a las campañas sino a organizaciones y fundaciones de educación cívica. b) democratización interna respecto de la elección de sus dirigentes, no renovabilidad de ellos más allá de dos periodos consecutivos, por ejemplo y elección por primarias de candidatos a elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales c) término del mandato cuando un electo por un partido lo abandona, etc;  d) presencia de información sobre los partidos y sus debates y posiciones en los medios.

En segundo lugar, respecto de la construcción de mayorías ello supone la pre-existencia de partidos políticos, fuertes, legitimados y diferenciados, pero es evidente  que en sistemas presidenciales ello es mucho más difícil que en sistemas parlamentarios.

De modo que parece importante introducir algunos elementos de parlamentarismo sin dejar la tradición presidencial, como por ejemplo la obligación presidencial de constituir un primer gabinete mayoritario en el parlamento, aunque le responda al Presidente y no al Congreso, o la segunda vuelta presidencial en el parlamento como  en Bolivia.

Pero más allá de cuestiones institucionales hay también otros tres aspectos a considerar  que se extraen de las discusiones, en el entendido que en cada país se constituyen de manera diferente: a) la necesidad de claridad en los proyectos de cada partido de modo que la coalición se establezca en términos de ideas y no sólo de negociaciones de puestos de poder; b) la necesidad de considerar los niveles locales y regionales en los que  algunas experiencias indicadas en los foros muestran un campo de acción más propicio; c) la promoción de un cultura de coaliciones que sea capaza de rescatar tanto los aspectos confrontacionales como los consensuales en la política.

En tercer lugar, y esto parece ser el tema principal en los recientes años, y se refleja en el foro hay una cuestión que se refiere a la relación entre ciudadanía y sociedad civil, por un lado,  y la clase política y partidos, por otro: no basta un buen sistema de partidos ni mecanismos institucionales o aspectos culturales que promuevan la constitución de mayorías políticas si no existe una ciudadanía participativa e interesada en la política vinculada y no separada radicalmente, aunque sin duda autónoma, de la clase política. En esto hay, a su vez dos aspectos.

El primero tiene que ver con que existe un cierto clima exacerbado a veces por los medios, que puede verse en parte en algunas intervenciones en el foro,  que exalta una visión individualista de la ciudadanía, solo como suma de derechos individuales, visión que idealiza la sociedad civil y la opone, como “los buenos” a la clase política, “los malos”, olvidándose que en gran parte una mala o buena clase política algo tiene que ver con la calidad de la sociedad civil.

Desde la educación para adelante hay que defender una ciudadanía que es expresión colectiva de derechos individuales pero también de deberes para con la comunidad y que el desinterés y apatía no se deben exclusivamente a la “maldad” de un clase política sino que muchas veces pretexto del egoísmo y la lucha por intereses personales y grupales y no de la comunidad política local, regional y nacional. En este sentido, los debates en algunos países para hacer el voto voluntario va en contra de este concepto de ciudadanía como pertenencia a un cuerpo colectivo y reduce  la participación a un puro acto que se ejerce según los estados de ánimo y no en cuanto expresión de un deber.  

El segundo se refiere a la generación de mecanismos institucionales que aseguren la participación de la ciudadanía. Ellos son de varios tipos: la participación directa parece más viable a nivel local para aspectos más específicos (presupuestos participativos) y a nivel nacional los referendum debieran reservarse a cuestiones más generales (no sólo para cambios constitucionales); por otro lado la iniciativa popular de ley puede introducirse en todos los niveles.

También puede pensarse en la elección de autoridades locales para los Consejos de Educación o de otras áreas en los espacios locales y en la generación de Comisiones Nacionales para grandes temas que rindan sus Informes ante el Parlamento y no sólo al Presidente, de modo de asegurar un mínimo carácter vinculante.

La existencia de una ley que asegure la participación de las organizaciones de la sociedad civil como existe en algunos países en alguna instancia de las elaboración o gestión de políticas públicas, sin romper la necesaria autonomía de las instituciones del Estado también parece hoy una necesidad. También debiera generarse alguna forma de accountability o responsabilidad del Poder Judicial frente a la ciudadanía, por cuanto ésta es la dimensión que aparece la más lejana y arbitraria..  


Por Manuel Antonio Garretón (1)

(1) sociólogo y politólogo chileno, formado en la Universidad Católica de Santiago y Doctorado en l'Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris. Ha sido Director y Decano de diversas instituciones académicas, enseñado en universidades nacionales y extranjeras y participado y dirigido múltiples proyectos de investigación y enseñanza, Sus investigaciones y cursos han versado sobre sociología política, democratizaciones y transiciones, Estado y sociedad, regímenes autoritarios, actores sociales, partidos políticos, universidad y educación superior, opinión pública y demandas sociales, cultura y educación, desarrollo de las ciencias sociales, teoría sociológica y política, reforma del Estado y políticas públicas. Ha participado activamente en el debate político -intelectual de Chile y América Latina, en el período democrático, en la oposición a los regímenes militares, en la transición democrática y el nuevo período democrático, en los procesos de renovación socialista, a través de publicaciones, columnas, entrevistas en foros y medios de comunicación. Autor de más cuarenta libros entre autoría, co-autoría, ediciones, compilaciones y más de doscientos cincuenta artículos en revistas, traducidos en varias lenguas.

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